Novedades sobre Imanes
Las propiedades magnéticas de un imán
Las propiedades magnéticas de un imán se pueden perder aunque este proceso sea de muy larga duración. Un imán de samario-cobalto, por ejemplo, podría tardar alrededor de 700 años en perder únicamente la mitad de su fuerza magnética.
El imán y todo lo que lo envuelve, los fenómenos magnéticos y sus propiedades, fueron descubiertos por los antiguos griegos. La historia cuenta que se observaron por primera vez en Magnesia, una ciudad de Asia Menor que posteriormente daría nombre a los imanes. El magnetismo está asociado al movimiento orbital y de giro de los electrones en los átomos. Algunas disposiciones concretas de estos giros, como las de los átomos de hierro, dan lugar a materiales intensamente magnéticos. Si los electrones están sumamente ordenados, hay magnetismo.
Es por todo ello que el imán también es vulnerable al calor y a las caídas. Además, también puede producirse la desimantación por contacto. Cada vez que se pega algo a un imán perdemos parte de sus propiedades, y los golpes fuertes pueden descolocar las partículas haciendo que el imán pierda parte de su potencia. De este modo, se desalinea el campo del imán y se perjudica, además, a su alineación.
Asimismo, para que el imán pierda su potencia debe alcanzar la denominada “Temperatura de Curie” (o “Punto de Curie”). Ésta es la temperatura por encima de la cual un cuerpo ferromagnético pierde su magnetismo, lo que le hace transformarse en un material puramente paramagnético. Así, la temperatura de Curie es diferente para cada composición. Por ejemplo, la temperatura de Curie para un imán cerámico sería de 450 ºC; para uno de cobalto, de 800ºC, etc.














