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Novedades sobre Imanes

Las propiedades magnéticas de un imán

Las propiedades magnéticas de un imán se pueden perder aunque este proceso sea de muy larga duración. Un imán de samario-cobalto, por ejemplo, podría tardar alrededor de 700 años en perder únicamente la mitad de su fuerza magnética.

El imán y todo lo que lo envuelve, los fenómenos magnéticos y sus propiedades, fueron descubiertos por los antiguos griegos. La historia cuenta que se observaron por primera vez en Magnesia, una ciudad de Asia Menor que posteriormente daría nombre a los imanes. El magnetismo está asociado al movimiento orbital y de giro de los electrones en los átomos. Algunas disposiciones concretas de estos giros, como las de los átomos de hierro, dan lugar a materiales intensamente magnéticos. Si los electrones están sumamente ordenados, hay magnetismo.

Es por todo ello que el imán también es vulnerable al calor y a las caídas. Además, también puede producirse la desimantación por contacto. Cada vez que se pega algo a un imán perdemos parte de sus propiedades, y los golpes fuertes pueden descolocar las partículas haciendo que el imán pierda parte de su potencia. De este modo, se desalinea el campo del imán y se perjudica, además, a su alineación.

Asimismo, para que el imán pierda su potencia debe alcanzar la denominada “Temperatura de Curie” (o “Punto de Curie”). Ésta es la temperatura por encima de la cual un cuerpo ferromagnético pierde su magnetismo, lo que le hace transformarse en un material puramente paramagnético. Así, la temperatura de Curie es diferente para cada composición. Por ejemplo, la temperatura de Curie para un imán cerámico sería de 450 ºC; para uno de cobalto, de 800ºC, etc.

 

Un imán para descubrir a los impostores

En época de crisis siempre hay negocios que salen beneficiados. Este es el caso de la ‘fiebre del oro’. Las joyerías y los negocios de compro oro están al alza, y siempre hay quien quiere verse beneficiado usando la trampa y, en esta ocasión, vender chatarra a precio de oro. Para que esto no ocurra, el imán es una de las principales herramientas de trabajo. 

El imán impide que los más ‘caraduras’ se salgan con la suya y vendan otro metal como si fuera oro. A Enrique, joyero de profesión, le “colaron” varias piezas que resultaron ser chapados y perdió 2.000 euros. “La capa era tan gorda que salía positivo en el ácido y el imán no lo atraía”, cuenta a El Mundo. Eran baratijas cuyas huellas no se borraron al frotarlas contra la piedra. La del oro se mantiene, la del hierro desaparece. Y el imán atrae a lo falso, pero no a lo auténtico. Cuando tiene dudas a pesar de pasar el imán ahora Enrique rompe la joya y mira bien si es maciza.

Mientras tanto, Juan Ángel Pujolas, dueño de otro de estos negocios en Madrid, tampoco está exento de estos timos. Su negocio sólo llevaba abierto dos días cuando pagó por unas joyas robadas. Por supuesto, él no lo sabía. Ahí no hay imán que valga. El protocolo dicta que tiene que rellenar una ficha policial por cada pieza que compran. De ahí que las principales herramientas de trabajo de este negocio sean el imán, una caja de ácidos que ayudan a diferenciar los kilates del oro, las fichas policiales y dinero.

Al adquirir el oro, los compradores tienen que guardar el género durante dos semanas, tiempo en que el grupo de Robos de la Policía Nacional lo cotejará con las denuncias. Si alguna joya coincide, el comprador se queda sin ella, pierde el dinero ya pagado. Sin embargo, muchas son recuperadas porque un juez dictamina que la compra ha sido legítima. Fuente: El Mundo

 

El proceso de fabricación de los imanes

¿Alguna vez te has preguntado cómo se fabrican los imanes? El proceso de elaboración de imanes no resulta tan complicado como a priori puede parecer. Lo único que hace falta es diferenciar los tipos de imanes que existen para cada uso. 

Los imanes más comunes que solemos tener presentes en nuestra vida cotidiana tienen en su mayoría un proceso de fabricación bastante sencillo. Para fabricar estos imanes hace falta polvo de hierro mezclado con otros componentes químicos. Después de ello, se procede a prensar los materiales y se les trata térmicamente, logrando de este modo los bloques de hierro con la composición química necesaria para conseguir los imanes.

Una vez que hemos obtenido los bloques, se cortan a la medida deseada dependiendo del uso que se les vaya a dar. Posteriormente, los imanes se limpian para eliminar cualquier sobrante innecesario de material. Si fuese necesario rectificar el tamaño de las piezas de los imanes por uno u otro motivo, éste es el momento indicado. Ya sólo nos queda el proceso de magnetizar las piezas. La magnetización de las piezas la conseguimos a través de la circulación de corriente eléctrica por una bobina, donde estarán las piezas que se magnetizarán por el campo magnético generado en este proceso. 

Así se obtienen los imanes. Sólo nos falta un último y sencillo paso: probar la calidad de los imanes, para lo que generalmente se utiliza una máquina llamada dinamómetro, la cual mide la fuerza de los imanes. También puede ser llamado newtómetro, al ser inventado por Isaac Newton, y consiste en un muelle contenido en un cilindro de plástico, cartón o metal, con dos ganchos, uno en cada extremo. Los dinamómetros llevan marcada una escala, en unidades de fuerza, en el cilindro hueco que rodea el muelle. Al colgar pesos o ejercer una fuerza sobre el gancho inferior, el cursor del cilindro inferior se mueve sobre la escala exterior, indicando el valor de la fuerza.

 

Como reciclar los viejos imanes publicitarios que llevan años en la nevera

Si alguien le parece que sus imanes publicitarios ya llevan muchos años pegados a la nevera tales como: calendarios de años pasados, números de servicio de restaurantes donde nunca han comido y farmacias que llevan los productos a domicilio, pero que nunca utilizan, entonces es hora de reciclarlos.
Primero vamos a alisar los imanes publicitarios para recibir las imágenes. Luego, vamos a despegar las imágenes anteriores y dejar la superficie limpia y libre de grasa por si vamos a usar goma para pegar las láminas al iman.
Hay diferentes tipos de imanes publicitarios: existen unos en que la imagen es un sticker como plástico y eso se despega de una sola pieza y deja el imán engomado listo para pegar las imágenes sin necesidad de usar goma de pegar. Otras son de un papel endeble que no se despega en una pieza sino en pedazos, y otros imanes publicitarios parecen imposibles de separar del papel. Si podemos despegar todo de una pieza, fantástico. Si no, despeguemos lo que podamos, sobre todo si hay una película plástica sobre el papel, y después remojaremos el iman publicitario, y luego con la esponja verde y el jabón los terminaremos de limpiar. Algunos imanes pueden ser un poco más dificultosos. Hay algunos que se despegan y se quedan sin goma, pero otros que se deben lavar.
Después de estos pasos fáciles tendremos un nuevo iman publicitario que durarán otros años más en nuestra renovada nevera.
 
La brújula: ese sabio imán

La brújula, ese objeto tan usual utilizado por exploradores y aventureros. Sin embargo, pocos saben que el campo magnético que orienta a su aguja resulta de las corrientes eléctricas del núcleo fundido de la Tierra a unos 2900 km. La propiedad del imán de alinearse de norte a sur no queda patente hasta el 1200 e.c.

El primer uso de las agujas magnéticas se dio presumiblemente en China varios siglos antes que en el viejo continente. Las primeras agujas magnéticas no conservaban la imantación. El descubridor Cristóbal Colón sabía estos inconvenientes y remagnetizaba sus agujas con un imán. Si bien la magnetita tiene propiedades permanentes, el hierro magnetizado es un fuerte imán temporal. Durante el siglo XVI ambos tipos de imán, duros y blandos, fueron combinados para producir un imán permanente más poderoso.

La magnetita, con añadidos de hierro, conocido como “imán armado" era el más potente. Para una comparación del poder de los imanes debemos usar dos cantidades que describen las propiedades magnéticas. Una, la saturación magnética, representa el mayor campo magnético que puede tener el material, sea temporal o permanente. La saturación magnética es una medida de la fuerza del imán cuando se encuentra totalmente magnetizado; según esta propiedad el hierro es un buen imán pues su saturación magnética es del orden de 20.000 gauss en tanto que la de la magnetita es menos de 4.000.

Otra importante propiedad del imán permanente está relacionada con la intensidad del campo magnético opuesto necesario para desmagnetizarlos. Esta propiedad se denomina coercitividad y puede expresarse en gauss. El material triunfante es la magnetita cuya coercitividad es casi 200 gauss, mientras que la del hierro es menos de 1. En el caso de los imanes armados la alta coercitividad de la magnetita mantiene al hierro magnetizado y la alta saturación magnética del hierro aumenta el campo magnético.
 
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